miércoles, 16 de junio de 2010

Imaginando que estás



Cuando perdemos a alguien, solemos llorar desconsoladamente o refugiarnos en la rabia de verle todo lo negativo a esa persona, aunque a veces no valga la pena. Esto se torna más difícil si al perder a esa persona, tenemos la seguridad de no verla nunca más… en vida.
Un chico, a quien llamaremos Said, pierde la cabeza por una chica llamada, uhmmm digamos, Isabel. Él la conoce en el colegio, en ese entonces se volvieron muy amigos, la confianza crecía y las ilusiones de Said también. El chico tuvo la mala suerte de enamorarse de su amiga, esto no parecía tener solución, no quiso arruinar una tan hermosa relación con algo que parecía imposible. Es así que ambos terminan sus estudios de secundaria y cada uno toma su rumbo. Los días pasaron y la comunicación entre ellos se fue perdiendo. Se distanciaron por completo, los saludos por el msn eran contados y los mensajes de texto de volvieron nulos.
Said ingresa a la universidad, conoce gente nueva, había olvidado que tenía un amor platónico. Era viernes por la noche cuando él enciende la computadora para recurrir a su rutina habitual después de llegar a casa, abrió el msn y una de sus ex compañeras de colegio lo saluda para luego decirle: “Oye, ¿no te enteraste?” “Isabel falleció”.
Un derrame cerebral fue lo que hizo que la vida de Isabel se terminara tan temprano. La noticia hizo que el tiempo se detuviera y una cortina de tristeza y llanto cubriera los sentidos de Said. A partir de esa noche, dejó de comer, se la pasaba pensando en lo que hubiera pasado si se hubiera tragado el miedo y le contaba la verdad años atrás. Luego de arrepentirse de no haber asistido al velorio, escribe una canción para ella en un trozo de papel, visita el nicho de Isabel una semana después y se la deja ahí.

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