
Era el primer día de clases de un curso más de inglés, el salón semivacío y mis ojos derritiéndose de sueño; pues eran las 8 de la mañana. Los alumnos iban llegando, yo miraba atentamente pero con dificultad la cara de cada persona que entraba a tomar su lugar; al parecer no había nadie interesante para distraer la mirada. La clase había empezado, un profesor pequeño y regordete iniciaba la primera sesión diciendo “Welcome to the english class”. Éste parecía ser un nuevo mes aburrido y sin emociones, hasta que tocaron la puerta, es ahí donde aparece una señorita de piel muy blanca, cabello castaño y no muy crecido, ojos marrones y actitud sigilosa. Mis ojos somnolientos se encendieron y la empecé a mirar sin roche alguno. No sé si me gustaba, tal vez si, tal vez no pero no hacía más que mirarla y mirarla. Días después de seguir con mi rutina de desnudarla y comérmela a besos imaginarios, noté que ella correspondía a mis pequeños dardos de ansiedad cada vez que estaba lejos o cerca de mí.
A la tercera semana, a la salida de una de las clases, pude notarla con frío y saliendo del instituto completamente sola. Momento preciso para obedecer a mis pensamientos obsesivos. Aceleré mi paso y logré alcanzarla. “Hola” le dije y ella me contestó el saludo algo asustada por mi asaltante acercamiento. Intenté mostrarme amigable con ella y le pregunté a donde iba, me dijo “Por ahí” luego le insinué coquétamente para poder acompañarla, no se negó. Pasamos varios minutos caminando y dialogando, hasta estar al borde de una avenida en donde el ruido de los carros al pasar era casi ensordecedor. Exhaustos por haber caminado medio distrito nos detuvimos a mirarnos frente a frente como si hubiéramos sincronizado nuestras ganas para premeditar lo que pasará. Quise adelantarme a sus ganas y le estampé un beso casi forzado, tomándola de los brazos para evitar que pusiera resistencia o intente lastimarme por el atrevimiento, pero nada de eso pasó, nos besamos sin lugar a alguna objeción. Estuvimos “pegados” durante 20 minutos ininterrumpidos, tal vez algún ebrio que desvíe su auto de la pista para impactar contra nosotros hubiera puesto fin al interminable momento, pero eso felizmente no sucedió.
Sin darnos cuenta nos cayó la tarde y fue más saliva que palabras lo que intercambiamos a lo largo de varias horas. Un descontrol o un nivel de excitación elevado entre nosotros nos llevó a la habitación de un hotel para terminar de consumar lo que las miradas comenzaron. Hicimos el amor, mejor dicho tuvimos sexo porque no derramamos ninguna gota de cariño, sólo de sucio sudor.
Nos vestimos y nos despedimos como si nada hubiera pasado, volví a mi casa casi a las 11 de la noche, había sido una tarde agotadora. Al día siguiente volví a clases con la esperanza de almenos verla y compartir alguna risa cómplice, pero ella jamás apareció nuevamente en el salón. Curiosamente hicimos de todo pero no supe donde vivía, nunca le pedí su número, tampoco su correo electrónico. simplemente apareció, me atrapó como si hubiera sido su principal cometido y finalmente desapareció. Estuve como loco tratando de ubicarla porque pude darme cuenta de que terminé perdiendo, me había enamorado.
A la tercera semana, a la salida de una de las clases, pude notarla con frío y saliendo del instituto completamente sola. Momento preciso para obedecer a mis pensamientos obsesivos. Aceleré mi paso y logré alcanzarla. “Hola” le dije y ella me contestó el saludo algo asustada por mi asaltante acercamiento. Intenté mostrarme amigable con ella y le pregunté a donde iba, me dijo “Por ahí” luego le insinué coquétamente para poder acompañarla, no se negó. Pasamos varios minutos caminando y dialogando, hasta estar al borde de una avenida en donde el ruido de los carros al pasar era casi ensordecedor. Exhaustos por haber caminado medio distrito nos detuvimos a mirarnos frente a frente como si hubiéramos sincronizado nuestras ganas para premeditar lo que pasará. Quise adelantarme a sus ganas y le estampé un beso casi forzado, tomándola de los brazos para evitar que pusiera resistencia o intente lastimarme por el atrevimiento, pero nada de eso pasó, nos besamos sin lugar a alguna objeción. Estuvimos “pegados” durante 20 minutos ininterrumpidos, tal vez algún ebrio que desvíe su auto de la pista para impactar contra nosotros hubiera puesto fin al interminable momento, pero eso felizmente no sucedió.
Sin darnos cuenta nos cayó la tarde y fue más saliva que palabras lo que intercambiamos a lo largo de varias horas. Un descontrol o un nivel de excitación elevado entre nosotros nos llevó a la habitación de un hotel para terminar de consumar lo que las miradas comenzaron. Hicimos el amor, mejor dicho tuvimos sexo porque no derramamos ninguna gota de cariño, sólo de sucio sudor.
Nos vestimos y nos despedimos como si nada hubiera pasado, volví a mi casa casi a las 11 de la noche, había sido una tarde agotadora. Al día siguiente volví a clases con la esperanza de almenos verla y compartir alguna risa cómplice, pero ella jamás apareció nuevamente en el salón. Curiosamente hicimos de todo pero no supe donde vivía, nunca le pedí su número, tampoco su correo electrónico. simplemente apareció, me atrapó como si hubiera sido su principal cometido y finalmente desapareció. Estuve como loco tratando de ubicarla porque pude darme cuenta de que terminé perdiendo, me había enamorado.
PD: Historia de mi canción "Obsesión"
1 comentario:
Teléfono, correo electrónico es lo básico man. Hay que estar atento nomás. Pero se ve que tienes agallas
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