sábado, 14 de agosto de 2010

Vuela bajito nomás


En mi último ensayo con la banda, recibí el mensaje de una persona que raras veces me escribía o llamaba para saber de mí. Esta mujercita, que fue tan trascendental para mi durante más de un año, me puso en el menaje “No voy a ir al viaje, me dio flojera y me quedé dormida”. Una noche antes, habíamos coordinado un probable viaje al sur por fiestas patrias, sólo esperaba su confirmación y volveríamos a vernos las caras después de un año. La última vez que nos vimos tuvimos una pequeña discusión en donde, por despecho, la dejé mal delante de su acompañante de turno, reprochándole una infinidad de cosas.
La había conocido por parte de la amiga de mi primo, que era su hermana y quise verla con la excusa de hacerle una invitación para la celebración de mi cumpleaños número 18. Tuvimos una primera salida muy amena, se reía de todo lo que le decía, también de mi cara. Me mandaba mensajes de texto durante las clases para vernos nuevamente, mientras yo rogaba que estas se terminen rápido para salir corriendo y llegar antes que ella, no le gustaba quedarse a esperarme.
Durante un mes estuvimos saliendo amigablemente, sin ningún atrevimiento o insinuación. Una noche, en mi casa, viendo los créditos del final de una película que no recuerdo, me acerqué cautelósamente y la besé. Sentía miedo, pero ella me correspondió de manera temeraria hasta sentirse capturada por mi insistencia. Después de tantos picos y mordidas de labios que duraron cerca una hora, me dijo que no se sentía segura de lo que hacía, había alguien más. Era un tipo viejo, feo y sin gracia -Lo digo sinceramente, podría hacer una encuesta o algo parecido que respalde mi afirmación, pero sería una pérdida de tiempo-. Nunca supe que le vio, ni por qué duraron tantos años juntos, sólo supe que desde ese momento me obsesioné con la idea de por primera vez tener una relación formal, ignorando infinidad de detalles que me gritaban que no sería más que su “amante”.
Lo que está en párrafos anteriores no es más que el inicio de mi historia con quién fue una gran fuente de inspiración para mí. Ahora siento algo de temor al poner todas estas cosas, este blog parecerá uno más que hable de amor y todas esas huachaferías, pero pensándolo bien. Tal vez muchos de los pocos que me leen se sentirán identificados, de lo contrario suprimiré esto.
Con respecto a “Volar”, mi canción, fue solo una declaración de amor, la había escrito para mandarme, al cantársela lo hice avergonzado y temblando, mientras esperaba un taxi que me llevara a mi casa, era muy tarde. Nuestros celulares sonaban sin cesar, ninguno contestaba, le dije por fin que me moría por ella. Ella se reía y parecía sentirse alagada, como dándose cuenta de que podía hacer conmigo lo que ella quería (terminó haciéndolo). Antes de darle un beso, le mordí la nariz, no sé que me sucedía pero siempre lo hacía, me daban ganas de arrancársela de un mordisco. Nunca le pedí que estuviéramos juntos, en ese momento pensé que estaba de más, aunque meses después pagaría las consecuencias.
En fin, esta canción se la dedico a su nariz pecosa.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguir adelante de después de tanto dolor, sin tener rencor...

Eres muy especial (Grande en corazón)... Te ganaste mi respeto.

oOmar dijo...

Gracias.

Sebástian dijo...

Bueno, mi buen amigo Omar. Debes entender que esas cosas no solo las vives tu, si supieras lo que me ha pasado, quizá te darías cuenta de que lo que te ha sucedido no es tan apocalíptico como lo que me ha sucedido a principio de año. Bueno, siempre encontramos personas de esa naturaleza. Debemos tener como prioridad un proyecto que no tenga que ver con mujeres, ya que si una mujer está dentro de tus objetivos principales, simplemente te hundes.

Hay que controlar los sentimientos.